Suspiros del CorazónEnglish version



Jorge Ruffinelli

Allyson Lima

Comentarios críticos
Jorge Ruffinelli

Desde el corazón, con humor

Como muchas (o tal vez todas) las "comedias románticas", Suspiros del corazón es una fábula, y muy moderna porque su tema trata del encuentro, dada la globalización, entre las empresas multinacionales y los ideales minimalistas del espíritu pueblerino. Este espíritu aún sobrevive en América Latina, ya sea entre los viejos exiliados españoles e italianos que alguna vez huyeron del horror de las guerras mundiales y sus regímenes (Franco, Mussolini), como entre sus jóvenes e idealistas descendientes. El papel de los empresarios lo llevan a cuesta aquí dos (también jóvenes) personajes adversarios: Fernando, celebrado y de moda por las revistas de negocios ("el hombre del momento"), y su "competidor" Retortillo. En realidad, aunque el segundo persigue al primero desde España hasta las lejanas tierras argentinas, la película no se centra en el tema de su competencia, pero utiliza esa situación para trazar el contraste en los retratos de un hombre de buenas intenciones y un payaso que se deja engañar por su propia ambición. Ambos —uno con todo propósito, el otro sin intención— acaban beneficiando a los artistas idealistas, a los pequeños sobrevivientes de un (tercer) mundo casi desaparecido: los viejos Manolo y Tano que disfrutan llevando funciones de teatro a los pueblitos, y la muchacha (heroína de fotonovelas) que encuentra su dichosa vocación humilde como maestra de una población perdida.

La historia se centra en Fernando, seguido muy de cerca por su "narrador", el escritor vecino suyo, que se inspira en las cartas del primero para escribir la novela soñada, con el resultado de un gran éxito de ventas que lo saca de su soledad y medianía. La película maneja muy bien estas dos líneas alternas, con brío y humor narrativos alimentando mutuamente las vicisitudes de Fernando —cada vez más propias del mundo de la fábula romántica—, y las escenas del escritor aporreando continuamente su máquina de escribir mientras fuma pensativo y sonriente en una ciudad lluviosa y melancólica.

Enrique Gabriel ya había tratado en Krapatchouck y en Las huellas borradas los temas del inmigrante desde el costado de la comedia como del drama. Aquí se permite la inmigración al revés: es el empresario español el que viaja a Argentina y ya no a "hacer la América", como en el siglo XIX, sino a devolverle a ésta un poco de lo que Europa le ha arrebatado durante siglos. En todo caso, lo hace por amor, como en una verdadera fotonovela, y a consecuencia de haberse enamorado. Pero ése no era el principio. El principio es una historia llena de cordial absurdo. Un día, Fernando advierte que el horóscopo le da señales inequívocas, y decide seguir sus consejos para una inversión millonaria. Sólo que el próximo horóscopo se publica en una revista desconocida en la ciudad Buenos Aires, y su única posibilidad de conocer el futuro consiste en descubrir y viajar al pueblo donde se edita. (¿acaso existen comedias no basadas en equívocos?) lo creen el nuevo actor enviado por una agencia de talentos, y así debe interpretar al conde Vronsky de Anna Karenina. Si por un momento parece delirante que un empresario moderno y joven se deje guiar por el horóscopo, la idea no es tan atrabiliaria si consideramos que el género de la comedia se basa en la excentricidad. A mayor grado de absurdo, mayores posibilidades de éxito en el género.

Pronto la película recorre los caminos de la parodia, lo cual le permite burlarse cordialmente tanto de los horóscopos como de las fotonovelas, sin ceder ante los primeros ni ante las segundas. El humor que Gabriel le imprime aguda y sutilmente a su película es el de la cordialidad y la simpatía por sus personajes. Hay un verdadero amor por ellos, no importa las situaciones ridículas en que se metan. De ahí que pueda decirse que la película también surge "del corazón". Ante todo por esos dos viejos que, aunque liberales, "compiten" por quién viene de un país con más feroz dictadura, si la de Franco o la de Mussolini. La escena en que discuten este tema es clave para comprender el tono general de la película, un tono amable, respetuoso, que desde un nivel mucho más elevado que el de la fotonovela, también sigue sus parámetros y acaba permitiéndose suspirar desde su propio corazón.

Al fin de cuentas la fotonovela, la telenovela, la radionovela son fuentes nutricias del imaginario popular hispánico, y más de un "doctor" hoy día consulta cotidianamente su signo zodiacal en el horóscopo. La sabiduría fílmica de Gabriel consiste en haber sabido sumergirse en las raíces populares de los sentimientos, para entenderlas, y aunque se eleva por encima de esa cultura popular, nos entrega una película que no traiciona los orígenes de esa cultura, y en todo caso los celebra. Y mientras lo hace, dispara sus flechas irónicas contra la globalización, la voracidad del capitalismo, la corrupción de la política, el frenesí moderno de la competencia en los negocios. Con espítitu amable y burlón, Suspiros del corazón contrasta las ansiedades de una España que lucha día a día para entrar en la modernidad europea, y una Argentina (o Latinoamérica) en la que todavía existen pequeños rincones humildes que no han perdido la alegría por vivir sin tener que someterse al consumismo. Emoción legítima y autenticidad son dos expresiones que saltan a la vista cuando se ve Suspiros del corazón. Al verla tenemos deseos de celebrar su espíritu como los niños que aplauden a la pareja joven al fin reunida, desde la ventana de la escuelita: ellos también tienen, ante sus ojos, su propia "película".

Jorge Ruffinelli
Stanford, California 2007

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