Suspiros del CorazónEnglish version

Entrevistas
Entrevista a Enrique Gabriel por Patricia Hart y Guy Wood

Una deliciosa comedia romántica con plena conciencia histórica. La dirección de los actores es genial, la banda sonora sorprende, las risas se consiguen honestamente, y, sobre todo, su corazón está dónde debe, en el lado izquierdo del pecho.

P: Cuéntanos del nacimiento de Suspiros del corazón.   
R: La historia surge porque nosotros somos una empresa familiar. Mi madre escribe, yo dirijo, mi mujer produce, mi hermana también escribe y dirige. Tengo otra hermana que es todo un personaje y tiene ideas muy locas y muy buenas. Un día le dice a mi madre que tuvo una fantasía, un sueño. Por aquella época ella escribía horóscopos en una revista y, por supuesto, se lo inventaba todo. Ésta era la historia: "Imagínate que un día a un pragmático economista multimillonario el horóscopo le acierta y tiene que conseguir a toda costa las predicciones del próximo mes." Entonces a mi madre le divirtió mucho y escribió un cuentito muy divertido, muy naif, pero que resultó una buena comedia. Así nació el guión de Suspiros del corazón.  

P: Háblame de la estética de Suspiros del corazón que es tu única película romántica.
R: Tratándose de la historia de un hombre al que, imprevisiblemente, su enamoramiento le hace cambiar de vida, que por amor se le derrumban sus férreas convicciones, no veo cómo contarla sin ser cursi. De ahí que Suspiros del corazón resulte un poco cursi en los momentos románticos.
La estética que me propuse es la de fotonovela, porque la película pretende ser un homenaje a este género obsoleto, menor y bastante despreciado a nivel cultural. La fotonovela estaba dirigida a los sectores menos cultos de la población, pero se quiera o no, requiere un mínimo esfuerzo, el esfuerzo de la lectura. Las empleadas de hogar, las amas de casa o las humildes trabajadoras que las leían alimentaban sueños irrealizables de vivir en un mundo mejor, de encontrar el amor de su vida, pero ellas, al menos, tenían que saber leer. Algo que no era necesario con la telenovela que lo suplanta. La televisión, que dice, precisamente, no lea, mire y escuche. Y a raíz de ahí ese género fue aprovechado por intelectuales y librepensadores, editores y escritores de los años treinta para desarrollar una labor sociocultural llevando a las clases más desfavorecidas y menos cultas, algo más que las típicas historietas de amor del príncipe azul y la campesina pobre. Se propusieron ponerles en contacto con clásicos de la literatura, que daban para melodramas muy afines a las sensibilidades de estas personas. Tal es así que Suspiros del corazón está inspirado en hechos que ocurrieron realmente en los años treinta, cuarenta, y fundamentalmente, a partir de los cincuenta. En Buenos Aires existió la editorial Abril, fundada por unos inmigrantes italianos antifascistas, en la cual trabajaron mis padres. Y había una revista de fotonovelas que se llamaba Idilio, que se editaba, creo, semanalmente y en ella se publicaban fotonovelas, entre otras Anna Karenina. 

P: La elección de Anna Karenina es enternecedora. Puede que a Tolstoi le satisfaciera verla publicadaen una fotonovela, ya que inicialmente la publicó por entregas, y era gran un defensor de los pobres. 
R: Mi madre tradujo la fotonovela Anna Karenina del italiano al español, porque esas fotonovelas se hacían en Italia, donde este género tuvo mucho auge y se adaptaron clásicos de la literatura, como Émile Zola, Balzac o Tolstoi. Estamos hablando de los años cincuenta. Una época en la cual tenían mucha fuerza los nobles ideales de justicia. Cualquier pensador, intelectual o artista, se sentía en la obligación de contribuir a la tarea de transformar el mundo, de llevar la cultura, el bienestar y la felicidad a toda la población de este planeta. Hoy en día, cumpliéndose las profecías de Enrique Santos Discépolo, en más de uno de sus tangos, pero principalmente en Cambalache, el que piensa que hay que cambiar el mundo, que debemos ser solidarios, que la justicia es posible y hay que exigirla, que todos somos iguales, es un tarado, no entendió nada; es un pobre diablo. Bueno, pues yo soy un tarado que no entendió nada, soy ese pobre diablo. Y lo seguiré siendo. No tengo vergüenza en serlo.
En aquellos años muchos europeos habían sido perseguidos en la Europa totalitaria por esos ideales. Se habían exiliado en Argentina que era un país que, de una forma inocente todavía, acogió a muchos españoles, italianos, rusos, alemanes, entre otros europeos.  Eran librepensadores. Algunos eran anarquistas, otros socialistas utópicos, otros comunistas anti-estalinistas; pero todos creían en el hombre. 
Una gran mayoría de ellos coincidieron en la Argentina e hicieron teatro de barrio, poniendo en escena obras de Brecht, u otros autores. Hacían teatro popular para que la gente de barrio, los obreros, tomaran conciencia no sólo de su ser político, sino también de su ser como ente individual, como eslabón fundamental de una sociedad. Y esta gente maravillosa hizo obras totalmente altruistas. El dinero nunca fue una prioridad, ni un impedimento. Siempre salían adelante esos maravillosos anarquistas, no en el sentido político, sino en el sentido de su libertad, de sus sentimientos. Yo tuve la suerte de conocer a algunos porque mi padre tuvo muchos amigos y maestros que eran así y ahora están reflejados en los viejos de Suspiros del corazón. Obviamente, un homenaje era necesario.

P: Me encanta la escena en la que pelean sobre quién fue peor, sí Mussolini o Franco. 
R: Sí, esta es una escena muy lograda. Digamos que es el punto álgido de la película. Todos la celebran cuando la ven, incluso a los que no les gusta la película. Siento que es de lo mejor que he filmado hasta ahora y creo que esta escena cuenta mucho. No tenía sentido ponerlos a competir sobre quién era más héroe, porque uno luchó contra Mussolini y el otro contra Franco. No tenía sentido que compitieran sobre ellos mismos. Al contrario, defienden a su enemigo, porque se valorizan ellos a través de con quién se enfrentaron. Es como decir, no, perdona, a mí no me noqueó Bonavena [boxeador argentino], pero me noqueó Cassius Clay. Entonces, a ver quién tiene más mérito.  El resultado es que noquearon a los dos. 

P: Cuéntanos un poco sobre el idilio en el río. 
R: El idilio en el río es la parte romántica. Se rodó en El Tigre, en las afueras de Buenos Aires. El delta del Tigre es donde se juntan los ríos Uruguay y Paraná, y comienza el Río de la Plata. Es un delta muy grande con muchas islas. Se rodó allí porque era lo más sencillo en términos de producción.  Esta es la parte romántica de la película. Es un cierto homenaje también al otro costado de la fotonovela, a su parte cursi y sentimental. Porque, ¿qué era lo más importante en fotonovela? Que llegaba a la gente, y para llegar a la gente tenía que contar historias amorosas, sobre un engaño, un arrepentimiento; toda esa cursilería. El único modo honesto que yo veía de presentar la relación de los protagonistas era seguir el ritual de la fotonovela. La actuación de todos corresponde a ese propósito, principalmente la del personaje que interpreta Roger, que era un tipo frío y un poco neurótico en la primera parte, y que finalmente es capaz de abrir su corazón. Pero, obviamente, sobreactúa y su comportamiento resulta cursi, como si estuviera en una fotonovela. Y ella habla como una de sus heroínas.

P: Hay un doble juego allí. 
R: Lo que ocurre en la isla contrapone a los dos personajes. Esa chica, aparentemente fría e inaccesible, que vive a través de los personajes de la literatura; y este tipo que tiene un jardín secreto que no le confiesa a nadie. Cuando ella le cuenta que los personajes de la literatura son sus seres queridos, sus amigos en la vida porque siempre están allí, no cambian, no traicionan. Vemos cómo él se queda embobado con sus palabras porque en el fondo también es un poco así, pero siempre lo ha ocultado con parapetos de frialdad, de ejecutivo agresivo. Y por ello le cuenta que al él le pasa lo mismo y le pone el ejemplo del diccionario (que es algo que escribió mi madre y a mí me gustó mucho) porque es totalmente absurdo. A la gente le hace mucha gracia. No quiere decir nada, pero para Fraty es muy importante. O sea, el tipo le puede hablar de millones de euros y de sus negocios y a ella le importa un bledo, pero de repente le dice que para él es importante el orden de las palabras en el diccionario, que el mundo se volvería abajo si se cambia el orden en el diccionario. Esa es la parte romántica-absurda de la película y fue una de las secuencias más difíciles de montar de toda la película. 
Todo lo de la isla fue muy arriesgado. Cuando estaba montando me di cuenta de que rodar como yo lo rodé y de la forma que dirigí a los actores fue muy arriesgado. Me dije yo me equivoqué aquí. ¡Cómo me equivoqué aquí! Esto es un error, un desastre. Esta película no la voy a poder estrenar nunca. No podía montar, veía todo mal. No me gustaba nada. Me preguntaba ¿cómo pude dirigir así al actor protagónico? La pasé francamente mal. Lo que me salvó un poco fue el pensar que la música podría ayudar. Una noche, después del montaje, caminando por la calle Corrientes, compré como diez discos de boleros de los que cuestan un peso. Pensé, mañana vamos al montaje y le metemos un bolero. 
El primer bolero que surge es Inolvidable. Al montador le gustó mucho, pero yo pensaba que no podía ponerlo porque es muy famoso y seguramente no conseguiría los derechos. Y probamos los otros cincuenta, pero ninguno iba. Decidí dejarlo provisionalmente y componer un bolero especialmente para la película. Y se montó toda la escena con Inolvidable, lo cual la mejoró, pero aún seguía sin gustarme.
Después, en Madrid, en la segunda fase de montaje (la película estuvo parada un tiempo por temas de presupuesto) con el otro montador, la retomamos y surgieron nuevas ideas. Ya había pasado tiempo. La escena se corrigió y, a mi juicio, se salvó. Y seguimos con Inolvidable. Ya no imaginaba la película sin el bolero. La gente que la veía nos decía, "¡qué maravilla! Ni se te ocurra quitarlo", pero otros, me dijeron: "ni lo sueñes, no lo vas a conseguir". Entonces Lina [Echeverri, productora ejecutiva] dijo, "bueno, vamos a intentarlo". Y localizamos al editor en Nueva York, un cubano con una empresa discográfica muy interesante que tiene una amplia colección de música popular latinoamericana de comienzos de los cincuenta y sesenta. Le planteamos que ésta es una película de bajo presupuesto e hizo un arreglo muy bueno para nosotros. Después tuvimos que negociar con Peer Music que era la dueña de los derechos editoriales y de explotación, pero igualmente llegamos a un acuerdo muy favorable. En ambos casos su flexibilidad nos permitió incluir el bolero en la película.

P: Y los árboles son importantes... 
R: Los árboles son importantes en todas mis películas. En Las huellas borradas, Héctor Alterio planta abedules... 

P: Su personaje dice que el apellido familiar significa "abedul." 
R: Significa "aliso," que es de la familia de los abedules. Luego, en Vidas pequeñas también verán que los árboles son importantes. 

P: Pero, ¿puedes profundizar en la importancia de los árboles en Suspiros...
R: En Suspiros del corazón hay tres escenas que tienen que ver con el amor que ocurren en un árbol. La primera es cuando ella está sentada leyendo, y es la del "flechazo", cuando los dos personajes descubren que se gustan. Encontramos un tronco divino allí, lleno de unos hongos rojos, muy bonitos. La segunda escena es cuando se besan por primera vez. Ocurre en un árbol hermoso y la escena del reencuentro también sucede en un árbol en la escuela. Yo no sé. Debe ser algo vinculado a mi infancia o con mi percepción de la naturaleza. El árbol, para mí, en cierto punto, creo que representa la casa.  

P: Hay un peral en Las huellas borradas del que habla Manolo, el personaje de Federico Luppi, cuando regresa. Habla de él con nostalgia, de forma muy romántica, de cómo su madre trabajaba y cantaba allí, y luego el personaje de Mercedes Sampietro dice un tanto bruscamente… 
R: ...se secó. Efectivamente. Si te pones a hacer la simbología de todo esto, puede que tenga que ver con la casa, con la necesidad de las raíces —la raíz del árbol— la nobleza de la madera, la nobleza del elemento natural que construye la casa. 

P: Se habla de esto también por medio del personaje de Delfín, que interpreta Sergi Calleja en Las huellas..., que trabaja la madera, como artista y artesano. 
R:  Exacto. Yo soy un gran amante de la madera. Mi bisabuelo era ebanista. Mi abuelo materno fabricaba esos muñequitos de madera que aparecen en Las huellas borradas.  Son réplicas de esculturas en madera que había hecho mi abuelo y que mi madre las tiene en su casa. Lo que pasa es que no las quise llevar de atrezzo a la película porque me las iban a romper.  Entonces un estudiante de Bellas Artes las reprodujo en arcilla.   
Creo que el árbol, para mí, es como mi vinculación con la tierra y con la vida. No concibo la vida sin árboles. Curiosamente me llama mucho la atención un paisaje como La Pampa, que es el primer paisaje de la infancia. Yo soy urbano, pero iba mucho al campo. La Argentina es Pampa y los árboles están muy esparcidos. No es desierto, pero no es una zona muy arbolada, la Pampa húmeda. Aún así yo vinculo la necesidad del árbol con mi infancia, con mi madre, con mis padres, con las raíces, con la casa. Creo que los árboles son protectores, que son buenos amigos. Quizás por ello la escena de Suspiros en la que la chica está metida dentro de un árbol que la encierra y tal vez tenga algo que ver con la influencia de Chejov que era un gran amante de la naturaleza, un ecologista avant la lettre. Y previamente a él Ostrovski, que tiene una obra que se llama La forêt, y luego, esa obra maravillosa de Chejov, El jardín de los cerezos. Me parece que los árboles son fundamentales. Creo que un mundo sin árboles, que es lo que estamos haciendo, a lo que estamos llegando, es realmente el peor de los mundos. 

P: Cuéntanos un poco sobre el escritor, el vecino del rico empresario.  Allí estás tú, ¿no? 
R: El guión y la historia de Suspiros está escrito en primera persona y este personaje en el guión se llama "Yo", no tiene nombre.

P: ¿Y la Olivetti es tuya? 
R: La Olivetti también forma parte de mi infancia. Mi madre era traductora y escritora y escribía en esa misma Olivetti que la tenemos todavía. Para mí el sonido de la máquina de escribir es como un refugio. Cuando yo dormía y mi madre escribía por las noches tarde, de pronto me daba vuelta en la cama y la oía y pensaba: "Mi madre está en casa, todo está en orden" El sonido de la máquina de escribir me protege.  
Volviendo al personaje del escritor. Probablemente tenga algo de mí. Yo soy muy contradictorio, porque a mí me gusta mucho la buena vida, los buenos hoteles, los buenos restaurantes y viajar en primera clase. En este sentido me gustaría ser como el joven guapo y millonario, pero la realidad es que soy más parecido al otro, al que está allí y se imagina todo lo que le pasa. Para interpretar a este personaje, que es muy querible, yo tuve la inmensa suerte de encontrar al actor argentino Alejandro Awada, es un gran tipo. Yo quería a algunos actores que no pudieron hacerlo o no quisieron hacerlo y la directora de casting un día llega y me dice: "yo tengo a la persona que te va a encantar, Alejandro Awada." Entonces el productor argentino dijo, "¡Alejandro Awada!" y yo me preguntaba: "¿Quién es Alejandro Awada?" 
Lo fui a ver. Estuvimos charlando, tomamos un café y cuando nos íbamos, me dice: "bueno, ojalá sigas pendiente y podamos hacer algo." Y yo digo: "No, ya está. No tengo que buscar más a este personaje."  Y él dijo, "¿Cómo? Si ni siquiera hicimos una prueba." Le dije: "No hace falta." Porque fue tal la empatía que no se hizo necesario. Es un tipo al que quiero mucho. Que se hace querer en la película y en la vida.
En esta película tuve la suerte de que conté con muy buenas personas. Todos los que intervinieron, los actores, los técnicos, como por ejemplo Raúl Pérez Ureta, el director de fotografía, un maestro en su profesión pero con una gran humildad, muy auténtico y desinteresado. Uno de esos cubanos que han digerido todo lo bueno de lo que les ha pasado y no se han envenenado con lo malo. Pero todos, en general, han sido de una generosidad absoluta.  El rodaje fue bellísimo.

Patricia Hart y Guy Wood
Pórtland, Oregon 2007

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