María DUPLÁA |
![]() ![]() Mi experiencia en San Luis fue muy buena, aunque el lugar al principio no me gustó mucho; estoy muy acostumbrada al ritmo de la ciudad y allí todo es mucho más lento. Por fortuna el equipo era muy bueno y existía una gran química entre todos. Fue una suerte empezar un rodaje sintiéndome tan cómoda. A Enrique lo conocí desde el primer casting. La primera prueba fue horrible, no hice las cosas bien. Me había estudiado las escenas, pero no había leído el guión y no sabía como era Fraty, cómo era su personalidad y tenía que improvisar simplemente con leer unas líneas. Enrique me daba indicaciones todo el tiempo, indicaciones muy buenas, pero que yo sentía que no podía adoptarlas y transformarlas en Fraty. Fue muy difícil. Cuando me marché pensé que no me elegirían, pero para mi sorpresa me llamaron de nuevo. Tuve que improvisar las mismas escenas, pero ya había leído el guión. Enrique es un director que te ayuda, que respeta mucho a los actores. A mí me gustó mucho como dirige y me sorprendió que confiara tanto en mí que no tenía ninguna experiencia en cine. Por eso me sentí tan segura y cómoda a la hora de trabajar. Cuando nos veía ensayar (a mí y a Roger) nos indicaba un par de cosas para que las retocáramos y luego decía que estaba perfecto. Era feliz al pensar: "Al director le está gustando lo que hacemos, está confiando en la cuota que ponemos de nosotros a los personajes". El momento más difícil de la filmación fue el último día de rodaje, durante la escena en la que Fernando me viene a buscar después de decirme la verdad. Tenía que llorar mucho, aunque por suerte arrancaba directamente con el llanto. Desde que me levanté, a las seis de la mañana, empecé a prepararme para llegar a ese momento: hacerme a la idea de que tenía que estar mal, a deprimirme y a ponerme esa música que sólo me pongo cuando tengo ganas de suicidarme. Me concentré para pensar en algo triste. Y no sé en qué pensé, pero fue una mezcla de cosas que finalmente me hicieron llorar. Lo que pasó fue que el primer plano que hicimos lo repetimos como tres veces, quizás más, así que cuando tuve que repetir la escena sentí como que se me gastaron las imágenes. Ya la memoria emotiva no me servía, entonces tuve que empezar a buscar otros recursos y no los encontraba. Me puse muy nerviosa. Me angustiaba el hecho de que todo el equipo estaba esperando a que la "nena" llorara. Me empecé a sentir una inútil, y me decía: "¡Yo no soy actriz si no puedo llorar!¡Tengo que llorar! ¡Hacélo!" Me puse muy mal y usé ese malestar para provocarme el llanto, y lo logré. Quedé muy contenta. Valió la pena haberme sentido tan mal antes. Lo peor fue trabajar con el burro, porque yo estaba tratando de llorar y el burro fue un problema, porque hacía reír a todo el equipo, ¡y yo tenía que llorar!. Una actriz siempre quiere y piensa que puede dar más; en ese sentido me quedé con ganas de repetir todas las escenas. Ahora cuando las recuerdo pienso que podía haberlas mejorado poniendo otra cara, o cambiando una palabra, pero en general estoy contenta. La única escena que con seguridad no repetiría es la del llanto. Creo que en Fraty hay más de mí de lo que pensaba. Al principio la veía muy diferente, pero después empecé a encontrar un montón de cosas que son muy características mías y a su vez, interpretando a Fraty, empecé a descubrir cosas mías que no conocía o a las que no les prestaba atención. Yo nunca me creí tan idealista, pero lo soy y estoy orgullosa de serlo, igual que Fraty. Y también tengo mi mundo y no cualquiera puede meterse en él, solamente algún Fernando que ande pululando por ahí. Creo que somos muy parecidas y por eso la quiero tanto y la voy a tener conmigo siempre. |

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